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RIFLE, Colorado — María Olivo comenzó a ejercer de intérprete de su madre cuando tenía unos cinco o seis años, ya fuera en el banco o en la consulta del médico. Vivían en Rifle, Colorado, una localidad desértica de unos 10,000 habitantes, donde aproximadamente el 36 % de la población habla español en casa. Olivo solía sentir el peso de esa responsabilidad y le preocupaba equivocarse.
"Estoy segura de que cometí muchos errores", dijo Olivo el mes pasado en Grand River Health, el hospital de 25 camas de Rifle. "La mitad de las veces no estaba segura, ¿verdad? Solo era una niña".
Hizo esto durante 12 años, hasta que tenía unos 18, "pensando: Espero que esa haya sido la palabra correcta. Espero haberle transmitido bien lo que tiene que hacer”.
Olivo acabó negándose a hacer de intérprete improvisada cuando su madre necesitaba ayuda para comunicarse en la consulta del ginecólogo.
"Se necesita a alguien que sepa de lo que está hablando, que conozca la terminología y que sea capaz de actuar realmente como su intérprete, en lugar de ser su hija", dijo Olivo.
Olivo es ahora analista de calidad en Grand River, donde ha visto a otras familias pasar por lo mismo. En una serie de grupos de enfoque celebrados en 2023, miembros de la comunidad hispana y latina comunicaron al personal del hospital que las barreras de comunicación generaban una confusión innecesaria.
"No hay nadie que pueda ayudarme realmente en mi idioma", dijo Olivo. "Al entrar, se sentía un poco rechazada simplemente porque no había ese rostro familiar".
Una interpretación deficiente puede provocar errores mortales y un mayor riesgo de demandas por negligencia, según el Dr. Glenn Flores, catedrático de pediatría de la Facultad de Medicina Miller de la Universidad de Miami. Lleva décadas estudiando el tema y describe consecuencias desastrosas en las que pequeños matices lingüísticos provocaron errores críticos en la atención.
"Hemos publicado algunos casos de niños fallecidos que contaban con intérpretes improvisados, como hermanos que hacían de intérpretes", dijo Flores. Añadió que los pacientes también son menos propensos a responder con sinceridad cuando hay familiares presentes, especialmente cuando los médicos preguntan sobre temas delicados como consumo de drogas, violencia doméstica o agresiones sexuales.
Aunque es habitual ver a hermanos o a los propios hijos desempeñar estas funciones improvisadas, Flores ha observado que otros centros recurren a personal sin formación, incluso a personas de un restaurante cercano, en caso de extrema necesidad.
"Existe una enorme variabilidad de un hospital a otro, y depende de la prioridad que le den y de los recursos de que dispongan para hacerlo", afirmó Flores. "Quizás haya algún matiz político añadido a todo ello".
Pero hace un par de años, Grand River probó algo nuevo: además de contratar a un coordinador de programas y a un intérprete médico a tiempo completo, comenzaron a ofrecer formación oficial para capacitar a su personal bilingüe como intérpretes. Desde entonces, decenas de empleados han realizado el curso de entre 40 y 60 horas.
"De hecho, me avergüenza haber recurrido a familiares para que me ayudaran con la interpretación en la consulta", dijo el Dr. Kevin Coleman, director médico de Grand River.
Varias veces al día, los empleados con doble función dejan sus tareas habituales, ya sean recepcionistas, radiólogos o auxiliares médicos, para interpretar a los pacientes de habla hispana. También reciben un pequeño aumento salarial, dependiendo de la cantidad de formación que reciban y de si obtienen la certificación.
Pero incluso con los aumentos salariales y los gastos de formación, el Dr. Coleman afirma que el programa sigue suponiendo un ahorro para el hospital.
Grand River solía recurrir a la interpretación virtual a través de teléfonos o tabletas para atender a la mayoría de los pacientes con un dominio limitado del inglés, pero ahora la utiliza mucho menos y paga aproximadamente un tercio del coste anterior. El hospital también ha registrado un aumento de aproximadamente el 50 % en el número de pacientes hispanohablantes desde que se puso en marcha el programa hace dos años.
El Dr. Coleman espera que sus beneficios convenzan a otros centros para que también mejoren sus servicios.
"Aunque ha habido un coste indirecto, sin duda, … ha merecido la pena", afirmó.
El programa de Grand River sigue teniendo limitaciones. Para idiomas distintos del español, y durante las noches y los fines de semana, el hospital recurre a intérpretes virtuales, que a veces proceden de un país diferente al del paciente y hablan un dialecto distinto. Algunos empleados con doble función también han manifestado sentirse abrumados por las responsabilidades adicionales. Pero, dado que el programa ha crecido, Olivo afirma que esas preocupaciones se han disipado en su mayor parte.
Añade que ha sido terapéutico saber que menos niños de Rifle tienen que traducir para sus padres en el hospital, como ella tuvo que hacer por su madre.
"Hay cierto componente sanador en decir: De acuerdo, bueno, a esta adolescente, dejémosla en paz", dijo Olivo. “Si quieres hacer alguna otra cosa, nos aseguraremos de que tu madre esté bien atendida.”
Olivo y el Dr. Coleman desean que el programa siga expandiéndose, contratando intérpretes especializados en los departamentos donde más se necesitan.
Esta noticia fue traducido en español por Convey Language Solutions.