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Las tasas de natalidad están disminuyendo en el valle de Roaring Fork. Para algunas familias, se debe al aumento del costo de vida o al clima político turbulento. Otras simplemente se sienten menos limitadas por los roles de género tradicionales y las expectativas sociales.
En comparación con las generaciones anteriores, las mujeres tienen ahora más opciones a la hora de decidir cómo quieren formar una familia: tener cinco hijos, uno o ninguno.
Para Cynthia Ayala, de 28 años, poder elegir lo era todo.
Cynthia, que creció en Carbondale y Glenwood Springs, siempre se sintió diferente de las otras niñas de su entorno, que jugaban con muñecas y simulaban casarse y tener hijos.
Cynthia nunca entendió ese impulso.
“Yo pensaba: ¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué? ¿Por qué quiero tener hijos? Porque, en mi opinión, tenerlos no es realmente algo tan maravilloso”.
Esa ambivalencia, o incluso negatividad, hacia los niños solo aumentó al entrar en la edad adulta. Cuando se casó, su pareja quería tener hijos, lo que la obligó a considerar la posibilidad.
“Siempre estuve indecisa al respecto”, dijo. “Pero nunca sucedió”.
Tenía la firme convicción de que, si iban a tener hijos, debía ser por las razones correctas, y no “porque tu madre o tu abuela te dicen que debes tener hijos”, dijo.
Tampoco la convenció la idea de un “legado familiar”.
Ese era el argumento de su exmarido. Él le dijo que quería mantener su “linaje”, dijo ella. “Y yo le respondí que no sabía qué significaba eso. No somos de la realeza. Somos mexicanos. Hay muchos bebés mexicanos”.
Terminaron divorciándose y los sentimientos de Cynthia sobre los niños siguieron siendo los mismos, incluso cuando la gente trataba de convencerla de lo contrario: "¿Por qué no?", y "los niños son maravillosos".
Aun así, la versión idealizada y llena de aspiraciones de la maternidad de la que siempre había oído hablar nunca parecía coincidir con lo que había visto de la crianza de los hijos en el mundo real. Le preocupaba la carga económica y el estrés de transmitir la historia familiar de diabetes y cáncer.
Pero le preocupaba especialmente la forma en que criar a los hijos parecía absorber el tiempo y la energía de las personas, y el impacto que eso podía tener en un niño.
Pensaba en los miembros de su familia que le contaban cómo sus padres siempre estaban trabajando, lo que les dejaba demasiado cansados para prestarles la atención que necesitaban cuando eran niños.
A veces, Cynthia sentía que era la única persona dispuesta a reconocer los aspectos negativos de tener hijos.
“Es mucho, mucho dinero. Son muchos recursos, mucho tiempo y muchos dolores de cabeza”, dijo.
Todo eso se resumía en un “no”.
Imaginó una conversación con un hijo no nacido: “¿Sabes qué es lo mejor para los dos?”, dijo. “Por ahora, no tenerlo”.
Cynthia reconoció que muchas mujeres no tienen la libertad de tomar esta decisión, empezando por su propia familia. Su madre es una de 12 hermanos y su padre es uno de 13.
Las cosas son muy diferentes ahora en comparación con cuando Cynthia era más joven. Cada vez más mujeres optan por una vida sin hijos.
“Siento que eso me ha ayudado a no sentirme tan aislada por haber decidido no tener hijos en este momento”, dijo.
En lugar de dedicarse a la maternidad, Cynthia es jugadora amateur de rugby, le encanta viajar y le apasiona la repostería. Es el tipo de persona que se queda felizmente hasta las 3 de la madrugada con sus amigos, y es la mamá de su cocker spaniel, Mabel.
Los fines de semana, salen juntas a escalar y hacer senderismo o pasan el rato junto al río. Mabel nada, moviendo la cola alegremente, mientras Cynthia la observa.
“Es lo mejor”, dijo.
La decisión de no tener hijos significa que Cynthia puede tomar, otras decisiones, adoptando diferentes versiones de lo que las mujeres pueden ser.
Esta noticia fue traducido en español por Convey Language Solutions.